miércoles, 2 de abril de 2008

Comúnmente sólo hay dos aspectos que puedo recuperar de los sueños. Uno es referido a la sensación final: Placentero ó Tortuoso. Mientras que el otro da cuenta de la calidad fílmica: Color ó Blanco y Negro / Sonoro ó Mudo. No me pregunten por que, pero ocasionalmente recuerdo el sueño completo (no me vengan con teorías psicoanalíticas) con el guión y todo.
Colores y sonido. Es una mañana muy luminosa y suena Ryuichi Sakamoto de fondo. Está mi jefe. Es raro, Sakamoto sólo suena en mi casa. ¿Estamos en mi casa? No. Estamos en la oficina de mi jefe. Es raro esto. ¿Desde cuando Sakamoto por acá? ¿Es alguna clase de mensaje? Instantáneamente deja de importarme esa duda. Estoy charlando con mi jefe, y a juzgar por la seriedad, de asuntos de trabajo. Sin preámbulos le digo “Te Amo Mariana” en perfecto y audible castellano. Yo (el que escribe) no se quien es Mariana, ni siquiera a quien podría estar simbolizando. Pero la frase es verdad, se lo siente con todo el cuerpo. Más allá de que la declaración no tiene absolutamente nada que ver con el contexto mi jefe hace caso omiso y no me pregunta ni un “¿Qué dijiste?”. ¿Por qué le tengo que confesar amores a mi jefe? Sigue hablándome como si nada hubiese pasado. ¿Lo habré dicho realmente? ¿Quizás lo dije y no le interesa a nadie? Que duda, por una mili–eternidad el sueño gira en torno a esa duda. Una vez más se me va de la cabeza instantáneamente. Parece que en los sueños las dudas no me acosan tanto como en la realidad.
Más música que sólo suena en mi casa, Thelonious Monk de fondo. ¿Estamos en casa? No. Me cago en Dios. ¿Por que tengo que chequear esto a cada instante? Me termina de contar su plan de trabajo y con total seriedad me pregunta si lo creo factible. A lo que respondo “Te Amo Mariana”. Me re–cago en Dios. Sin solución de continuidad estoy jugando al fútbol en la canchita de enfrente de mi casa, tengo diez años. Es otra calidad de imagen, como si hubiese otro director de fotografía. Colores saturados. Esto me indica que posiblemente es una historia paralela (alt+tab, windows only). Nada del otro mundo. Es más creo que estoy recordando un día que pasó de verdad. Sueño placenterísimo. Mucha luz. Meto un gol. Mi hermano mete otro mientras comía uvas de un racimo. Eso pasó de verdad. Si no fuese porque estamos rodeados de cerezos floreciendo (un ambiente sumamente japonés) juraría que estoy rememorando al pie de la letra un día ya vivido. Alt+tab, “Te Amo María”. Mi jefe para de hablar escandalizado y me pregunta: “¿Eso que tiene que ver?”. Lo mismo digo yo. ¿No era Mariana? ¿Y vos desde cuando me escuchás? Te lo dije sin querer dos veces en la cara y no me diste bola. ¿Ahora que lo digo porque quiero me escuchás? Suenan Los Piojos, una música más acorde a este lugar mugriento de trabajo. Estamos en casa. Me cago en Dios otra vez. ¿Por que estamos en casa? ¿Por que suenan Los Piojos? La inversión de la situación es un chiste obvio, hasta malo. Pero me sorprendió igual. Estoy enojado porque no lo vi venir. Recuerdo los días en que éramos felices con Mariana. Estamos al lado del río, la pasabamos muy bien. ¿Quien es Mariana? No se. Pero parece que la pasamos bien. Mi jefe me dice: “No recuerdo ni Marianas, ni Marías en tu vida”.* La concha de tu hermana. ¿Desde cuando conocés mi vida? Pero tiene razón. No Marianas, no Marías. Todo es placentero, se siente como una comedia de Woody Allen.
Alt+tab, tengo que dejar el fútbol y me tengo que cambiar para ir a la escuela. Creo adivinar que esta parte es muda porque no se si hacía falta el sonido. Alt+tab, éramos tan felices con Mariana. Y parece que había quedado con esa historia en la cabeza porque estaba condenado a decir “Te Amo Mariana”. Hasta que en un momento comencé a amar a Marías. Que fácil. Me veo en unos meses para adelante con María. Le veo la cara y concluyo que no la conozco todavía. Tampoco la conoce el que escribe. Con María también somos felices. Estamos boca arriba y tomados de la mano en una cama de dos plazas. Mucha felicidad. Luminosidad pura. De golpe, tengo la revelación de que el que actúa de mi jefe no es mi jefe de la realidad y repentinamente se terminó el sueño. Me doy cuenta que mi hermano y yo fuimos las únicas dos personas reales del sueño.
Una psicóloga a la izquierda por favor.


*En este punto, el sueño parece tener un error de guión, porque analizándolo despierto mi jefe nunca me ha escuchado decir “Te Amo Mariana”. Pero es tan factible como haber llenado mi pueblo natal de cerezos floreciendo.
Autor: FelizPorAhora
Segui a FelizPorAhora en Twitter: www.twitter.com/FelizPorAhora

3 comentarios:

circe dijo...

Excelente el término "mini eternidad".

Anónimo dijo...

a mi me mató "sin solución de continuidad"!!
creo que dice "mili-eternidad"

Andrés dijo...

En efecto, dice "una mili-eternidad", se me sale el nerd de adentro y me escribe con los prefijos de las unidades de medición. Hace alusión a la milésima parte de una eternidad completa. Que sigue siendo la eternidad en si mismo, porque la eternidad es un número infinito.
Creo que no fui claro.
Gracias a ambos por pasar.